En los años setenta se vio en Valparaíso, amarrado
a un costado del muelle Prat, la figura de una pequeña embarcación que contaba
con todas las comodidades de una nave mayor. Era la motonave “Argonauta” que
iniciaba la experiencia de realizar tours por el litoral central disfrutando de
sus comodidades abordo y de lo que representaba poder efectuar un viaje en un
barco nunca visto, por lo menos en esa época en Chile.
Hay poca información sobre esta nave construida en
Alemania, pero recorriendo Internet he
logrado armar en parte su bitácora como también algunos hechos relevantes en su
corta existencia de barco turístico.
FICHA TECNICA
Fecha de construcción: 1955 Astilleros: Husumer Schiffswerft GmbH, Husum, Alemania.
Número de Astillero: 1068
Dimensiones: eslora: 45,66 metros, manga 8,34 metros, calado 1,50 metros
Propulsión: 2 motores Diesel MAK de 6 cilindros.
Potencia: 480 HP
Arqueo bruto: 313 toneladas
Peso Bruto (DWT): 250 toneladas
Velocidad: 11 nudos
Pasajeros: 619 (no indica si incluye a la tripulación)
Identificativo de llamada: CB2405 Argonauta
Identificativo de llamada: DJAY Alemania
IMO 5374925 (N° del Lloyd´s Register)
Tipo de nave: Barco de pasajeros.
Banderas
Alemania (23 de julio 1955 - 1968)
Chile (1968 - 2006)
CRONOLOGIA
11 de junio de 1955. Lanzado al agua.
23 de julio de 1955. Prueba de navegación.11 de junio de 1955. Lanzado al agua.
23 de julio de 1955. Entregado a la naviera Wyker Dampfschiffs-Reedere Amrum, GmbH, de Wyk auf Föhr.
23 de julio de 1955. Realiza el trafico de Dagebüll - Wyk – Steenodde
Septiembre 1961. Vuelto a la Naviera Wyker es rebautizado Uthlande, en el trafico de Dagebull - Wyk - Steenodde.
01 de junio de 1964 – 30 de septiembre de 1968. Durante los meses de verano tráfico de Havneby (Dinamarca) a List (norte de Alemania) durante el invierno.
Septiembre 1968. Vendido a Interoceánica de Turismo S.A., Valparaíso, Chile. Renombrado Argonauta.
1968. navegación por la Bahía de Valparaíso, así como viajes de excursión a la Isla Juan Fernández.
1998. registró en la Sociedad Comercial de Turismo Aéreo, Marítimo y Terrestre Vera y Martínez Limitada, Chile. Inicio labores en el rio Aysén en el envío de cangrejos entre otros.
1999. eliminado de los registros después de que la nave encallo en un banco de arena en Aysén. Mas tarde se refloto y se estableció en Puerto Aysén.
31 de julio de 2006. Se hundió en Aysén. Recuperado con la estructura dañada.
Nombres:
Uthlande (23 de julio 1955 - octubre 1959)
Orange Star (octubre 1959 - septiembre 1961)
Uthlande (septiembre 1961 - septiembre 1969)
Argonauta (septiembre 1968 - 31 de julio 2006)
“EL ARGONAUTA”
Corrían los primeros años de la década del setenta
cuando un empresario, con algo de visionario, pero con muy poco conocimiento
marino, adquirió la motonave “Uthlande” para dedicarla al turismo en la bahía
de Valparaíso y viajes a las islas de Juan Fernández.
Su idea llenaba una necesidad, siempre soñada, pero
nunca realizada, de hacer viajes cortos, de placer por nuestra costa central,
creando un atractivo, no explotado hasta entonces, para los turistas
santiaguinos y mendocinos, todos ellos de tierra adentro, que invaden nuestras
costas en los meses de verano, donde contaban con quince camarotes, salón,
comedor, bar y cubierta para tomar el sol.
Bautizó a la nave como “Argonauta” y organizó
viajes locales diurnos, que zarpaban de Valparaíso a mediodía y recorrían la
costa hasta Quintero, mientras los turistas almorzaban a bordo pero, lo que no
consideró la firma propietaria, era que la nave había sido diseñada para la
navegación fluvial, con solamente 313 toneladas de registro, tenía muy poco
calado y una relación entre su eslora y su manga que la hacían sumamente
propensa a los grandes balances, requisito para que los entusiastas turistas
que contrataban sus servicios, terminaran completamente mareados, no pudiendo
almorzar y jurando no repetir la aventura. Peor aún fueron las giras a las
islas de Juan Fernández, donde es sabido que se recibe la marejada de través
(cruzada por la Corriente de Humbolt)) y no podía haberse concebido un buque más inapropiado para ello.
Alguien discurrió destinarlo a Puerto Montt, donde
podía elegir navegaciones más tranquilas por canales interiores durante los
meses estivales y dedicarlo al cabotaje el resto del año, pero su rendimiento,
la competencia local y los gastos que iba generando su envejecimiento no lo
hicieron rentable.
Un día, el “Argonauta”, más viejo y deteriorado,
fue comprado por un armador sureño, quedando atracado al muelle de Punta
Arenas. El óxido comía su abollado casco, los tapices no aguantaban más
remiendos, la suciedad era perceptible por todas partes y su cansado motor
solamente le permitía avanzar “a la vuelta de la hélice”.
Un mercado libre abrió el camino de nuestras
exportaciones no tradicionales a todo el mundo y, como premio a los esfuerzos y
sacrificios desarrollados por los chilenos, los precios de algunos productos
del mar se elevaron significativamente, entre los que se contaba la apetecida
centolla, que se había quintuplicado debido a que su producción en Alaska había
decaído notablemente.
Este auge pesquero hizo que múltiples empresas se
instalaran en Punta Arenas y construyeron pequeñas goletas encargadas de
“calar” las trampas centolleras en cualquier caleta o paraje en que se estimara
que pudieran existir.
La vida en estas pequeñas embarcaciones era muy
sacrificada, pues tripuladas por tres o cuatro hombres, permanecían en lugares
alejados, sin más compañía que el equipo de radio telefonía, con el que tenían
que comunicar a sus bases las cantidades de centollas atrapadas, lo que se
prolongaba durante meses, calando e izando las trampas, mientras los buques
recolectores los visitaban periódicamente para recoger los deliciosos
crustáceos y llevarlos vivos a Punta Arenas en viveros de agua salada y
aprovechaban de abastecerlos de víveres y provisiones.
El negocio de las centollas progresaba, mientras el
dueño del “Argonauta”, se arruinaba con su buque en el muelle.
Un buen día, éstos observaron cómo se instalaban en
la cubierta de la nave unos estanques de fierro, una bomba, y cañerías que
permitían llenarlos con agua de mar, vaciarse y poder mantenerla circulando.
Ante la atónita mirada de los tripulantes, llegaron
a bordo licores, bebidas, un nuevo equipo de música cuyos altoparlantes se
diseminaron por la cubierta, mientras un electricista extendía, a lo largo de
la nave ampolletas con luces de colores y nuevos cojines para los sillones del
salón.
Con el último dinero que le quedaba compró petróleo
y reunió a su tripulación para anunciarles que su suerte cambiaría y les
pagaría todos sus emolumentos atrasados, pues se dedicarían a la pesca de la
centolla.
Esa noche llegó el dueño con cuatro personas
invitadas, tapadas con capuchones e impermeables debido a la fuerte lluvia y el
viento que se había desatado, por lo que pensaron que luego traerían las jaulas
para iniciar sus nuevas funciones, pero de amanecida zarparon al sur, en
dirección al canal Magdalena.
Algo oyó por la radio el jefe, por lo que le ordenó
al timonel dirigirse a una bahía en la cual pudieron distinguirse, a lo lejos,
las luces de algunas goletas pesqueras que se encontraban en el lugar cumpliendo
su aburrida rutina con las trampas centolleras.
Al acercarse el “Argonauta”, una cumbia comenzó a
hacer retumbar los altoparlantes de la cubierta y una iluminación con luces de
colores lo destacó en la oscuridad de la noche.
La visión de los sufridos tripulantes de las
goletas, los hizo creer que veían visiones, que se acercaba un buque fantasma,
iluminado de mil colores, tocando música y, desde su proa, cuatro hermosas
mujeres que, ligeramente vestidas, mostraban sus rosadas piernas, y mientras el
viento hacía revolotear sus cabellos, los llamaban.
No demoraron los pescadores en tripular sus botes y
dirigirse al “Argonauta”, donde pudieron imponerse que podían solicitar toda
clase de servicios, pero nada se pagaba con dinero, la única moneda válida era
la centolla: una Coca Cola costaba una centolla, cinco centollas la botella de
pisco y veinte centollas la compañía femenina. Toda la recaudación iba a parar
al nuevo vivero.
Durante diez días el “Argonauta” recorrió los canales
Cockburn, Balleneros y Beagle, donde se encontraban fondeadas las goletas y
regresó a Punta Arenas con sus últimos restos de petróleo y sin una botella de
pisco, pero con el vivero atiborrado de crustáceos.
Años más tarde el “Argonauta” llegó a Puerto Aysén, donde se encontraba durante la época de la “fiebre del loco”, dedicado ahora a la explotación de este marisco para su destino a los mercados del exterior, cuando una riada de un crudo invierno, hizo variar el curso del río, dejándolo en seco.
EN ALTA MAR HABÍA UNA MODELO
La fiesta a
bordo del Argonauta fue inolvidable. La noche de ese verano el barco
resplandecía decorado con luces intermitente, globos, serpentinas y al ritmo de
una música contagiosa.
Meses antes,
la recién nacida revista Paula había decidido encontrar la cara que la
identificara y por primera vez en la historia de Chile, se organizaba una
competencia de esta índole. Ya antes habían existido los concursos de belleza,
pero encontrar una modelo profesional, era algo nuevo, pero muy al estilo de
los sicodélicos años sesenta.
Un total de 23 candidatas se inscribieron en la revista y de ellas, seis fueron elegidas finalistas. Así fue como un 7 de diciembre el barco cargado de lo más granado del jet set criollo, salió a navegar a eso de las 10 de la noche. Se sirvió la comida en alta mar, con una espectacular vista a la bahía y los cerros de Valparaíso. Los salones y cubiertas repletos de mesas; los invitados la mayoría de las mujeres de traje largo y los hombres de smoking.
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En el Puente de Mando |
Un total de 23 candidatas se inscribieron en la revista y de ellas, seis fueron elegidas finalistas. Así fue como un 7 de diciembre el barco cargado de lo más granado del jet set criollo, salió a navegar a eso de las 10 de la noche. Se sirvió la comida en alta mar, con una espectacular vista a la bahía y los cerros de Valparaíso. Los salones y cubiertas repletos de mesas; los invitados la mayoría de las mujeres de traje largo y los hombres de smoking.
Las seis
postulantes descendieron las escaleras al ritmo de la música y luciendo
"minis", shorts, sandalias y accesorios a la última moda: inmensos
anteojos oscuros, aros largos y cadenas... Luego del desfile, las concursantes
cambiaron sus tenidas por trajes de noche. Era la hora de dar el resultado
final...
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La Ganadora de ese certamen movido, María Angélica Delano |
Aunque la idea de realizar la competencia en un
sofisticado barco, encargado de hacer viajes turísticos día y noche por los
alrededores de Valparaíso fue aplaudida por la mayoría, algunas candidatas
sufrieron del va y ven de las olas y se marearon. A pesar de esto, no perdieron
la sonrisa y desfilaron erguidas sin ceder al malestar.Referencias:
Revista Liga Maritima de Chile. “El Argonauta”. Germán Bravo Valdivieso. Edición: N° 193 - 2007
Tomado de la
página web: Chilean Charm. Miss Paula
1969
buen trabajo. Que nostalgia me da...
ResponderEliminarlindo y bien completa tu recopilacion... que nostalgia me da
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