A principios
de marzo de 1877, desembarcaron en Antofagasta varias personalidades políticas
del Perú, acompañando a don Nicolás de Piérola, que era candidato a la
presidencia de ese país.
La comitiva,
que se instalo en casa de otro ciudadano peruano, no hizo misterio de una
próxima revolución en Lima, destinada dar al señor Piérola el triunfo por las
armas.
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Nicolás de Piérola |
Pocos días
después, la población de Antofagasta fue sorprendida por el inesperado arribo
del monitor de guerra “Huáscar”, el que, sin saludar a la plaza como era de
rigor, fondeo en un sitio cercano a la playa.
El Prefecto
boliviano, en antecedentes del golpe revolucionario en Lima, se abstuvo de
recibir al barco y dio orden al Capitán de Puerto de impedir, por la fuerza,
cualquier desembarco de tripulantes del recién llegado.
A las 15 horas del día siguiente, el
Comandante del “Huáscar”, capitán don Luis Guillermo Astete (*) envió a uno de
sus oficiales a tierra, llevando una nota para el Prefecto don Narciso de la
Riva.
Esta
comunicación representaba a la autoridad boliviana la extrañeza de que el buque
no hubiese sido recibido y estimaba que los múltiples quehaceres y
preocupaciones del Prefecto eran los responsables de esta falta de cortesía.
El Prefecto
no contesto la nota, pero ordeno reforzar la guardia del muelle y poner una
vigilancia especial en el grupo de los políticos peruanos recién llegados.
Al día
siguiente temprano, llego del “Huáscar” una nueva comunicación al Prefecto de
la Riva: venia concebida en términos muy amables y explicaba la causa de su
llegada a Antofagasta, que no era otra sino la de comprar víveres y carbón.
Terminaba solicitando una respuesta.
El
funcionario boliviano envió la contestación con el portador de la última nota y
en ella manifestó al comandante del “Huáscar” que era él, en su calidad de
Prefecto, quien había ordenado la no recepción del buque, por dos causas
principales: una, por no haber saludado a la plaza al entrar a la bahía y la
otra, por estar en antecedentes de que
el “Huáscar” se había sublevado contra el gobierno constituido del Perú, país
con el cual Bolivia mantenía estrechas y amistosas relaciones. Finalmente
advertía al comandante Astete que todo intento desembarco sería rechazado por
las armas.
Una nueva
nota del comandante del “Huáscar”, esta vez en términos duros, representando al
Prefecto la gravísima violación que del Derecho Internacional hacia con un
beligerante y conminándolo a atender sus necesidades, pues en caso contrario
daría cuenta al nuevo Presidente del Perú, señor Nicolás de Piérola, para que
su gobierno exigiera al de Bolivia las satisfacciones del caso.
La respuesta
del enérgico Prefecto fue disponer que el grupo de políticos ya nombrados
procediera a abandonar la ciudad dentro de un plazo de 24 horas.
Este plazo no
alcanzo a cumplirse, pues don Nicolás de Piérola y su comitiva se embarcaron
inmediatamente en el “Huáscar”, el que abandono la bahía rumbo al norte.
El Prefecto,
al proceder en la forma que lo hizo, fue porque estaba en antecedentes
oficiales de que el “Huáscar” se había sublevado en El Callao el 7 de mayo y
que había partido hacia el sur, llevando carbón escasamente para diez o doce
días. El resto de la escuadra y el ejército habían permanecido leales al
Gobierno.
Desgraciadamente,
el comandante Astete ignoraba lo último, pues su misión era la de llevar en su
buque hasta El Callao al nuevo Gobierno revolucionario, lo que cumplió, aunque
bastante preocupado por la escasez de combustible y de víveres para su gente.
El “Huáscar”,
debido a un temporal que lo hizo consumir más carbón aun, se vio obligado a
recalar en el puerto de Cobija, donde se apodero, pero con previa cancelación
de su valor, del carbón que tenía en sus bodegas la barca chilena “Rafaela”, de
propiedad del industrial minero don
Raimundo Ramos.
Como la
autoridad dl puerto hiciera fuego de fusilería para estorbar el trasbordo del
carbón, el decidido comandante peruano hizo dos disparos de artillería por alto
sobre la población, y en represalia se llevó a bordo del “Huáscar” dos
lanchones en los cuales se había hecho la faena de carbón y que eran de
propiedad fiscal.
Como la
carencia de víveres era bastante apreciable, el buque entro a Pisagua, donde
fue recibido a cañonazos. El grupo de políticos se embarco en un vapor de la
carrera que venía a Valparaíso y el comandante Astete procedió a bombardear la
población durante dos horas, obligando a rendirse a las autoridades.
Aun no
terminaba de echar embarcaciones al agua para mandar tropas de ocupación a
tierra, cuando tres buques de guerra peruanos que venían en busca del
sublevado, hicieron su aparición.
El combate
duro más de tres horas y hubo seis muertos y doce heridos, entre estos dos del
monitor. Al caer la noche y gracias a su rápido andar, el “Huáscar” se
escabullo y algunos días después llego al puerto de Ilo, donde se entrego a la
autoridad.
Todo lo
relatado anteriormente, tiene un curioso prologo. Cuando se sublevo el
“Huáscar”, el Gobierno peruano dicto un Decreto declarándolo buque pirata y
ofreciendo un millón de soles por su captura.
Dos buques de
guerra ingleses, el “Shah” y el “Amathyst”, pertenecientes a la flota del
Pacifico y que se encontraban al ancla en El Callao, al mando del Almirante De
Horsey (**), levaron sus anclas y zarparon en busca del pirata.
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HMS "Shah" |
Después de
accidentada navegación, los dos buques encontraron al “Huáscar” en Pacocha,
donde le intimaron rendición.
El comandante
Astete, que ya sabemos cómo era, respondió a la intimidación con una andanada
que destrozo gran parte de la arboladura del “Shah”. Una segunda andanada le
echo abajo un palo al otro buque y las cosas hubieran seguido perores sin no es
por el muy prudente almirante ingles que ordeno virar y regresar al Callao.
El combate
duro exactamente siete minutos. Aparte de las averías sufridas, el almirante
fue posteriormente desautorizado por el Almirantazgo británico y reemplazado en
el mando.
Por su parte,
el pueblo peruano celebro irónicamente el combate y en un periódico de Lima,
titulado “Bellezas y tonterías”, publico los siguientes versos:
Compatriotas peruanos: ¿un coctel?
Very well!
¿Por el “Huáscar” del Perú?
Very good!
¡Muera el almirante ingles
con su “Amathyst” y su “Shah”!
¡A ver si viene otra vez
Nuestros soles a cobrar!
(*) Luís
Germán Astete Fernández de Paredes (Lima
1832, Huamachuco 1883) fue un capitán de navío de la Marina de Perú.
(**) Almirante
Frederick Rous De Horsey
Historia de Antofagasta, Isaac Arce
Revista En Viaje. Abril 1949
Web consultadas:
Combate de Punta Pichalo
Combate de Pacocha